11 de Octubre de 2004

                 

 

El «plan Kerry» para Irak

Benigno VALDÉS

 

Estimulado por el hecho de que los ciudadanos de Estados Unidos sí creen que el sistema democrático se encuentra en guerra contra quienes desean cambiarlo por una teocracia islamista, John F. Kerry ha dado a conocer su plan de acción en Irak, con el objetivo de «conseguir un Irak estable, seguro dentro de sus fronteras y dotado de un gobierno representativo». ¡Bien por Kerry! Sus compatriotas nunca han dudado de que ese es su obje-tivo, pero haberlo hecho explicito es un mensaje para quienes, en otras partes del mundo, esperaban otra cosa. El plan consiste de cuatro puntos: (1) Acelerar el proceso de entrenamiento de la policía y el ejército iraquíes; (2) Consolidar la reconstrucción económica del país; (3) Mantener el calendario electoral previs-to, y (4) Conseguir que la presencia de las tropas de la coalición en Irak no necesite prolongarse más allá de cinco años.

De este plan llaman la atención varias cosas. La primera, que es distinto del que propone Rodríguez Zapatero. Según el presidente del gobierno español, la estrategia correcta en el frente de Irak sería la de retirar inmediatamente las tropas de la coalición y reempla-zarlas, al parecer, por «scouts, boys and girls» en estricta paridad numérica. La propuesta se basa en que, según un profundo y sose-gado análisis –aún no publicado– de Rodríguez Zapatero, para resol-ver esta clase de conflictos la igualdad de sexos y un dialogo sereno entre las partes son mucho más eficaces que el uso de las armas. ¿Y quién mejor que los «scouts», adiestrados en la tolerancia, el cumpli-miento de una buena acción al día y el contraste de pareceres al calor del fuego (de leña) en campamentos de verano, podría hacer esa la-bor? En este sentido, corre el rumor de que España podría aportar al mencionado contingente la colaboración de Leire Pajín, un peso pesa-do de nuestra estructura diplomática. La idea es que Pajín tome a su cargo la tarea, sí requerida, de adiestrar a los militantes islamistas en la balsámica costumbre de mascar chicle. Siendo este plan tan analí-ticamente trabado y de fácil aplicación, es increíble que Kerry no lo adoptara sin más, pero eso es lo que hay.

La segunda cosa que llama la atención del «Plan Kerry» es que coincide con el de George W. Bush. ¿Sorpresa? Sólo para quienes, basados en sus profundos análisis políticos, económicos y sociales de la situación mundial (y que, naturalmente, dadas esas credenciales son –¡tienen que ser!– en su mayoría europeos), sostienen que en Estados Unidos las decisiones de política internacional se toman de acuerdo con el movimiento del péndulo partidista. Más aún, cuando el turno de gobierno le toca al Partido Republicano, cuya concepción del orden mundial es particularmente burda, las decisiones son a menudo influidas por grupúsculos de extrema derecha, fanáticos religiosos y visionarios enloquecidos, como ha ocurrido en el caso de Irak. Quienes piensan de este modo, estarán muy sorprendidos. Pero a parte de ellos, nadie más. Y es que entre el Estados Unidos real y el que se inventan algunos intelectuales europeos, media un abismo.

La tercera cosa que llama la atención del «Plan Kerry» es que, siendo el mismo que el de Bush, no contenga una receta para hacerlo funcionar con más éxito que el conseguido por éste. He planteado este tema a mis amigos del Partido Demócrata –el correo electrónico es un invento utilísimo– y me han dicho que sí la contiene, sólo que aparece entre la letra pequeña (que en los actos políticos casi siem-pre pasa desapercibida). La receta es la siguiente: «Debemos hacer de Irak una responsabilidad de todo el mundo, pues a todos nos va mucho en la solución del problema, así que todos de-ben compartir su coste». ¡Pero eso es justo lo que los actuales miembros de la coalición, y España mientras lo fue, han pedido desde el principio! La propia ONU ha hecho una llamada en tal sentido y «ni un solo país fuera de la coalición ha res-pondido a ella», como Kerry reconoce. ¿Entonces qué receta es esa? «La receta, Benigno, la tienes al final del párrafo que te hemos enviado, que sigues como hace veinte años, pidiendo que las ideas se expresen con claridad, y esto es política, no un seminario académico...». ¡Oh, ya entiendo! «Yo [Kerry] estoy convencido de que con el liderazgo adecuado podemos empezar de nuevo». O sea que el plan es el Plan, ya lo cuente Bush o Kerry; lo que ocurre es que George W. Bush es un hombre de moda- les más bien toscos y esto ha irritado a Chirac y a otros lideres europeos. De ahí que no estén en la coalición los que no están. Muy instructivo.

«¿Pero –sigo al correo electrónico– de verdad os creéis esa milonga? ¿Realmente pensáis que el eje París-Berlín ha impedido la formación de una alianza más amplia por un quítame allá a ese Bush? ¿No tendría algo que ver el hecho de que esa parte de Europa, acos-tumbrada durante medio siglo a nadar y guardar la ropa, piensa que puede seguir haciendo lo mismo? ¿Se os ha olvidado el principio del free-rider?».

La última cosa que llama la atención del «Plan Kerry» es que, siendo el mismo que el de Bush, y siendo las dificultades para llevarlo a cabo las que son ya las cuente Agamenón o su porquero, «¿por qué lo habéis presentado con tanto bombo y platillo? Voy a hacer una especulación: para vosotros esta es una no-win situation: De no presentar algún plan, perdéis las elecciones; por otro lado, no hay más oro que el que reluce; por último, si las cosas os van bien en lo que queda de campaña, incluso podéis ganarlas, en cuyo caso vosotros tendréis que aplicar el Plan. Así que mejor dejar las cosas claras ahora».

Vamos, que habéis cambiado de oficio pero seguís siendo igual de responsables que antes. ¡Qué digo, más! Ya sabéis que os quiero y deseo suerte. Que gane... el que quieran los votantes.