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Galería de imágenes del Padre Arrupe
Jesús, a quien pretendemos sentir profundamente, como Ignacio lo pretendió...
...; ese Jesús, Hijo de Dios, enviado a servir, venido para hacernos libres, entregado a la muerte y resucitado de entre los muertos.
Sanar los cuerpos es una magnífica obra de caridad si se hace con espíritu divino. No hay quien lo dude...
... Pero en un violento cambio de dirección Dios me llamó a curar las almas que también enferman.
Las ideologías son equivocadas, pero todo ser humano lleva en su esencia misma algo de bueno que debemos conducir a Dios.
Nada puede destruir una esperanza que brota de la cruz de Cristo.
Seguir a Jesucristo más de cerca, desear y escoger lo que "más" conduce al fin, fomentar siempre el santo deseo de dar más y de darse más...
... Este es el motivo de los Ejercicios, este es el motivo de la Compañía de Jesús. Ha de ser también vuestro motivo: "magis".
Por eso os recomiendo que leáis el Evangelio con mucha atención, con la fuerza del Espíritu, procurando penetrarlo hasta el fondo...
... y poco a poco vuestro corazón se irá asemejando al corazón de Cristo y se producirá vuestra cristificación.
¡Sed buenos! Buenos en vuestro rostro, que deberá ser distentido, sereno y sonriente; buenos en vuestra mirada, una mirada que primero sorprende y luego atrae. Buena, divinamente buena, fue siempre la mirada de Jesús.
Viviendo se aprende, es cierto. Pero también leyendo, porque un libro puede condensar lo que haya de valor en una experiencia de largos años.
Oh Señor, no me canso de repetiros: nada quiero sino amarte, nada deseo en este mundo sino amarte, nada deseo en este mundo sino a Ti.
El Evangelio, es un Evangelio de amor. Pero el amor exige justicia. El Evangelio, por consiguiente, es también un Evangelio de Justicia; es la Buena Nueva anunciada a los pobres. Y nosotros debemos anunciarla no sólo enseñándola, sino aún dando testimonio de ella.
Creo que se puede decir que dentro de la Iglesia y con el sentimiento de ser enviada por el Espíritu a cristianizar el mundo, la Compañía quiere ayudar a los hombres a conquistar y desarrollar su propia voluntad por todos los medios...
... pero especialmente por la educación, por la reflexión profunda, por la acción social, por los medios de comunicación social, por una catequesis cada día más intensa, hasta llevarlos a los Ejercicios Espirituales completos del mismo San Ignacio.
Ser testigos de Jesús, siempre, pero más en nuestro mundo secularizado, requiere hombres de fe, de amplia experiencia de Dios y de generosa comunicación de ese espíritu.
La encarnación del Evangelio en la vida de la Iglesia exige que Cristo sea anunciado y recibido de maneras diferentes según la diversidad de los países o de los ambientes humanos, teniendo en cuenta las riquezas que les son propias.
En el deber permanente que pesa sobre la Iglesia de "escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio", los religiosos pueden prestar un positivo servicio por serles muy propia esta labor de discernimiento.
Yo me siento, más que nunca, en manos de Dios. Es lo que he deseado toda mi vida, desde joven. Y eso es también lo único que sigo queriendo ahora. Pero con esta diferencia: hoy toda la iniciativa la tiene el Señor. Le aseguro que saberme y sentirme en sus manos es una profunda experiencia.
La vocación no es un problema claro. No es una matemática de números sino de símbolos...
... . Hay que sumar confianzas, restar indecisiones, multiplicar deseos y dividir pesimismos.
El Espíritu es el que nos conducirá a la verdad, pues él es el principio, tanto de la unidad como de la diversidad.
Es cierto que he pasado por dificultades, grandes y pequeñas; pero confortado siempre con la ayuda de Dios. Ese Dios en cuyas manos me siento ahora más que nunca, ese Dios que se ha apoderado de mí.
Nos hemos de formar desde un punto de vista católico y también humano, necesitamos apóstoles auténticos.
He aquí nuestra labor, nuestro servicio: trabajar con el resto de la humanidad en esa labor reflexiva sobre la situación del mundo y colaborar en la medida de nuestras fuerzas a la construcción de un mundo de verdad, justicia y amor.
Miremos al mundo de hoy y de mañana, un mundo cada vez más unificado, en el que muchos fenómenos toman cada vez más el alcance de lo universal (...). Tal es nuestro propio modo de ser en la Iglesia.
La evangelización incluye la promoción humana y la lleva a su máxima perfección.
Tan cerca de nosotros no había estado el Señor, acaso nunca; ya que nunca habíamos estado tan inseguros.
El empeño por la promoción de la justicia y por la solidaridad con los sin voz y los sin poder, exigido por nuestra fe en Jesucristo y por nuestra misión de anunciar el Evangelio, nos llevará a informarnos cuidadosamente de los difíciles problemas de su vida, y después a reconocer y asumir las responsabilidades específicamente nuestras en el orden social.
No temamos llegar a ser, como Él, señal de contradicción y escándalo... Por lo demás, ni siquiera Él fue comprendido por muchos.
El testimonio del Santo Padre, o de una mujer como Madre Teresa de Calcula, o de esos seglares que no es difícil de ver, habla por sí mismo...
... Y la mayoría de la gente es capaz de comprender ese testimonio, apreciarlo en todo su valor, y animarse a ser mejor a causa de él.
Si la sociedad de la abundancia impulsa al consumo innecesario y a la superficialidad, debe encontrar en nosotros la austeridad y la sencillez de vida.
Creo que estás en los más profundo de mi ser. Habla, Señor, que tu siervo escucha. Tu siervo escucha... habla, Señor.
El carácter de la Iglesia como pueblo peregrino que no tiene aquí ciudad permanente, se hace también patente en la celebración de la Eucaristía.
Vivir hoy, en todo momento y en toda misión el ser "contemplativo en la acción" supone un don y una pedagogía de la oración...
... que nos capacite para una renovada lectura de la realidad desde el Evangelio y para una constante confrontación de esa realidad con el Evangelio.
En adelante me propondré sólo esto: cumplir lo más exactamente posible la voluntad de Dios que se me manifieste o por el Sumo Pontífice o por esta Congregación General que son mis superiores.
Mi único motivo misionero fue la voluntad de Dios. Sentía que me llamaba al Japón y por eso quise venir aquí.
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